Soy padre y me cuesta la tecnología

4 propuestas para acercarte al lenguaje de tus hijos.

Presentamos algunas estrategias pensadas para quienes no se sientan cómodos con el lenguaje de la tecnología. Una guía para los que quieren incorporar herramientas que los conecten con este universo tan amado y frecuentado por sus hijos, sin sacrificar demasiado tiempo físico ni mental.


"En la era donde abunda la incertidumbre, hay un hecho que no podemos negar: las nuevas tecnologías atraviesan nuestras vidas."

Cada vez más dispositivos y aplicaciones nos permiten vivir una experiencia “todo en uno” que buscan facilitarnos (y, en ocasiones, complicarnos) la vida.


Esto último suele ser una sensación frecuente en adultos que no han crecido a la par de los smartphones y tablets. Adultos que experimentan mucha frustración al no poder seguir el paso de tantos cambios en tan poco tiempo.


¿Pero qué sucede cuando somos padres y vemos cómo nuestros hijos invierten gran cantidad de su día en este idioma? Si surge alguna emergencia que requiere enviar un mail al colegio adjuntando imágenes o videos ¿sabemos hacerlo?


El amor hacia los hijos sin duda puede ser la motivación suficiente para animarnos y aprender. Aunque sea lo justo y necesario para hablar su lenguaje pero ¿cómo evitar angustiarnos nosotros en el proceso?


Aquí van algunos consejos prácticos para empezar a vencer al menos algunas de estas inseguridades:


1. Adaptar la tecnología a nuestras formas de aprendizaje conocidas.

Es normal que apenas nuestros hijos se proponen enseñarnos a utilizar el celular por ejemplo, ya con solo observar la velocidad y facilidad con la que entran y salen de las aplicaciones sentimos desorientación y desmotivación.

Esto es lógico: nada de ese mundo tiene que ver con cómo nosotros aprendimos durante nuestra formación educativa y cotidiana. ¿Pero qué pasaría si justamente reutilizamos esos métodos familiares para acercarnos a la tecnología? Diseñar y enumerar una lista de objetivos, por ejemplo, es algo que casi todos hemos tenido que realizar en algún momento de la vida. Ya sea a través de una lista del supermercado, tareas escolares o incluso por cuestiones laborales. Reciclar esa misma estrategia durante nuestro aprendizaje nos puede dar mayor seguridad para asumir estos nuevos desafíos. En el caso de quienes son de un aprendizaje más visual o creativo, se pueden ilustrar con gráficos o dibujos los pasos a seguir; para quien se inclina por lo auditivo, puede grabarse por mensajes de voz cada etapa del proceso (y si no sabés hacerlo, podés pedir ayuda a tus hijos). Cuando de aprender se trata, nadie comprende mejor su propio proceso que uno mismo, ¿no?.


2. Aprender de a una cosa a la vez.

Sin duda, las nuevas generaciones tan acostumbradas a las multitareas (multitasking) nos intimidan con la idea de que la única forma de adquirir conocimientos es esa.

La realidad es que el aprendizaje de un lenguaje nuevo históricamente siempre implicó básicamente la misma secuencia. Primero balbuceamos palabras, luego las ensayamos y modulamos correctamente para finalmente formar oraciones con ellas.


Es por esto que recomendamos abordar un dispositivo o aplicación por vez, incluso si nuestros hijos no están de acuerdo con esta estrategia.


Es importante aceptar nuestra etapa de aprendizaje, ya que es lo que realmente nos va a permitir trazar un punto de partida genuino y apreciar e incorporar los progresos que vayamos experimentando, sean estos grandes o pequeños.


3. Repetir, repetir, repetir.

El lenguaje tecnológico es en esencia mecánico y por eso es normal que nuestros primeros intentos con él sean un poco frustrantes al no ver resultados inmediatos.


Pero la cruda verdad es que solo luego de varias repeticiones y práctica empezaremos a obtener resultados más o menos con sentido, por lo que es importante mantener las expectativas en niveles realistas, y más aún si recién iniciamos el proceso.


Un buen punto medio puede ser dedicarle muy pocos minutos diarios (no más de 10) a una tarea corta y de fácil repetición . De esta forma, nos acercamos a la tecnología sin cambiar demasiado nuestro día a día, y logramos ahorrarnos frustraciones evitables.


4. Equivocarse es parte del aprendizaje de la tecnología.

Es cierto que la virtualidad puede asustar y mucho, ya que lamentablemente existen personas dispuestas a aprovecharse de nuestra ignorancia en transacciones de pago, mails falsos o estafas. Y más nos asusta el hecho de que los dispositivos se han vuelto en algunos casos la única forma de concretar trámites históricamente presenciales.


Al mismo tiempo, lo que hace 30 años nos parecía un idioma inalcanzable y exclusivo para expertos, hoy se ha vuelto mucho más accesible, intuitivo y pensado para un público más amplio.


Actualmente, acceder sin querer a una carpeta de la computadora que comprometa su funcionamiento es mucho más difícil, por lo que no está mal preguntarnos: ¿Qué es lo peor que puede pasar si me equivoco de aplicación? ¿Es realmente irreversible?


Si hay algo que permite a las nuevas generaciones volverse expertas en áreas tecnológicas se debe en parte al hecho de que se equivocan con mucha frecuencia y rapidez, sin sufrir demasiado el proceso.


Y, aunque nunca alentaremos comportamientos irracionales e imprudentes, sí creemos que es posible aprender de nuestros hijos en este aspecto para adquirir una mayor elasticidad con la tecnología.


Por: Joaquín Sombielle

Licenciado en Psicología

Docente de piano y lenguaje musical


Información original:

https://compartirenfamilia.com/tecnologia/padre-me-cuesta-la-tecnologia.html

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